Yo había sido creado para otras cosas. Empero, lo que más duramente me reprocho es el haber consentido que me hayas hecho caer tan bajo. La voluntad es la base del carácter, y mi fuerza de voluntad se vio por completo sometida a la tuya. Esto, que así dicho resulta grotesto, es sin embargo harto verdad. Aquellas continuas riñas, que parecían constituir para ti una necesidad física, y en las cuales se descomponían por igual espíritu y cuerpo, eran tan horribles de ver como de oír; esa fea manía que has heredado de tu padre, y que te lleva a escribir cartas indignas e impertinentes; el no saber en absoluto dominar el impulso de tus sentimientos, que exteriorizas unas veces en largos arranques de silencioso mal humor, y otras en los repentinos ataques de una furia casi epiléptica… ¡Me has gastado! Fue el triunfo de lo mezquino sobre lo grande. Una manifestación de aquella tiranía de los débiles sobre los fuertes, que en una de mis obras llamo «la única tiranía efectiva».
Y era inevitable que sucediese.
— Oscar Wilde en De Profundis y el resumen de cinco años de mi vida.